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Una pareja en Bogotá: cómo repartieron mercado, servicios y cuotas sin pelear cada mes

Relato con números de una pareja en Bogotá que sacaba cuentas en la servilleta y pasó a un acuerdo claro, conservando cada uno su privacidad y sus cuentas.

27 de septiembre de 2026 · Equipo diez · 5 min de lectura

Portada de Una pareja en Bogotá: cómo repartieron mercado, servicios y cuotas sin pelear cada mes

Una pareja en Bogotá que dejó de sacar cuentas en la servilleta

Camilo y Lorena viven juntos en un apartamento arrendado en Bogotá. Entre los dos suman cerca de 9.800.000 pesos al mes. No les falta la plata: les falta saber en qué se les va. Cada fin de mes terminaban con la misma escena, una servilleta en la mesa y una discusión por el mercado, los servicios o la cuota de la tarjeta que uno creía que ya había pagado.

Este no es un caso de éxito de laboratorio. Es una pareja normal que encontró una forma concreta de repartir los gastos del hogar sin revisar las cuentas del otro y sin pelear cada 30 días.

Cómo empezó el problema

El arriendo, la administración, la luz, el agua, el internet, el plan de celulares, el mercado y las cuotas de dos tarjetas de crédito. Todo eso entraba cada mes en la misma bolsa mental. Como no había un registro común, cada uno asumía que había gastado "más o menos lo mismo" que el otro.

La escena se repetía:

  • Lorena pagaba el mercado con su tarjeta y después no lograba recordar cuánto había sido.
  • Camilo giraba plata "a la cuenta" y ya no sabía si con eso quedaba cubierto el mes.
  • La cuota de la nevera, comprada a 12 meses, aparecía cada mes y nadie la tenía anotada en ningún lado.
  • El acuerdo real nunca era 50/50, porque Camilo ganaba un poco más y Lorena asumía más gastos del día a día.

El desgaste no era económico. Era emocional. Sacar cuentas en una servilleta a las once de la noche no es un plan financiero, es una discusión con números encima.

Si quieres ver cómo funciona el reparto de gastos en pareja dentro de la app, mira godiez.com/parejas.

El punto de quiebre

Un mes les cayó el mismo fin de semana la cuota de la tarjeta, el arriendo y una salida familiar de cumpleaños. Camilo tenía la sensación de que había plata disponible, porque el saldo del banco se veía bien. Lorena sabía, sin poder demostrarlo, que ese saldo ya estaba comprometido.

Ese día hicieron lo que millones de parejas en Colombia: abrieron un Excel. Les duró tres semanas. El problema no era la herramienta, era que ninguno de los dos quería subir sus cuentas personales a una hoja compartida. Y ninguna de las dos apps que probaron les dejaba mantener la privacidad: o juntaban todo, o no servían.

El acuerdo que sí funcionó

Decidieron separar dos cosas que venían mezcladas: los gastos del hogar y la plata personal de cada uno. Cada uno conservó su cuenta, sus gustos y su privacidad. Lo que compartieron fue solo la lista de gastos comunes, con tres decisiones claras.

1. Un criterio de reparto elegido por ellos

No impusieron el 50/50 automático. Evaluaron tres formas y escogieron la proporcional al sueldo, porque Camilo gana un poco más. Con eso se acabó el reclamo de fondo: ya nadie sentía que estaba poniendo más de lo que le tocaba.

2. Gastos fijos separados del gasto diario

Arriendo, administración, servicios y las cuotas de las tarjetas quedaron como gastos fijos del hogar. El mercado y el día a día quedaron como gasto variable. Esa sola separación les mostró de dónde salían los descuadres: no era el mercado, eran los fijos de la tarjeta que nadie tenía proyectados.

3. Un registro que toma segundos

Aquí entró la app diez. La regla fue simple: quien paga, anota. Registrar un gasto del hogar les toma menos de diez segundos, sin abrir Excel, sin pegar recibos y sin buscar el momento perfecto. Al anotarlo en el mismo lugar, los dos ven el acumulado del mes en tiempo real.

Los números reales de un mes

Con el registro ordenado, así se veía un mes típico de la pareja:

| Gasto del hogar | Valor aproximado | | --- | --- | | Arriendo + administración | 2.400.000 | | Servicios (luz, agua, gas, internet, celulares) | 620.000 | | Mercado y aseo | 1.150.000 | | Cuotas de tarjetas (nevera, ropa, viaje) | 780.000 | | Transporte y gastos varios del hogar | 350.000 | | Total del mes | 5.300.000 |

Repartido de forma proporcional al sueldo, a Camilo le correspondía cerca del 54% y a Lorena el 46%. La diferencia frente al 50/50 era de unos 210.000 pesos al mes: suficiente para que Lorena dejara de sentir que siempre ponía de más, y para que Camilo entendiera por qué a fin de mes "no le alcanzaba" aunque su saldo se viera bien.

Ese fue el hallazgo más útil: su disponible real no era el saldo del banco. Era lo que quedaba después de restar los fijos, incluidas las cuotas. Antes de las cuotas, cualquiera de los dos podía gastar más de la cuenta. Después de verlas, los dos sabían cuánto podían gastar al día sin ahogarse en la siguiente quincena.

Qué cambió en tres meses

  • Se acabaron las cuentas en la servilleta y las discusiones de fin de mes.
  • Ninguno de los dos tuvo que mostrarle sus cuentas personales al otro.
  • Descubrieron dos suscripciones que no usaban y una cuota que ya estaba por terminar.
  • Empezaron a apartar un pequeño colchón para imprevistos, porque por fin veían cuánto quedaba libre de verdad.
  • La conversación dejó de ser "¿tú en qué te gastaste la plata?" y pasó a ser "¿cómo vamos este mes?".

Cómo replicarlo en tu casa

No necesitas un Excel complejo ni juntar todas las cuentas bancarias con tu pareja. Lo que funcionó fue el orden, no la herramienta:

  1. Separen los gastos del hogar de la plata personal de cada uno.
  2. Escojan juntos el criterio de reparto: 50/50, proporcional al sueldo o bolsa común. Que sea decisión de los dos, no una imposición.
  3. Anoten cada gasto del hogar en el momento en que lo pagan. Si toma más de diez segundos, no lo van a sostener.
  4. Revisen una vez al mes cuánto queda disponible después de los fijos y las cuotas, no solo el saldo del banco.
  5. Ajusten el acuerdo cuando cambie el sueldo de alguno. Es normal y es sano.

Camilo y Lorena no se volvieron millonarios ni cambiaron de vida. Solo dejaron de pelear por plata cada mes. Cuentas claras, a tiempo y a tu lado: eso es todo lo que necesitaban para tener paz mental en casa.

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